El final es donde partí
Al otro día, me desperté y tuve una sensación intensa, hermosa. Nunca me había sentido así, ni siquiera el hecho de tener que ir a trabajar podía deprimirme, como solía hacer todos los días. De todas formas no fui a trabajar, mi amor por ella era mas importante, la llamé. Le pregunte si le apetecía verme y me dijo que si, que dentro de unas horas pasaba por mi apartamento. Sin ningún tipo de demoras, vino, ¡y si la habré hecho mujer! Le dije que el dinero estaba abajo de la almohada como siempre pero que se quedara, para hablar un rato tranquilamente. Ella se quedó hasta la noche, le transmití mi enredadera, mi vacio, era hermoso compartir un lindo momento con ella. Esto era más que placer, era un recibir y un dar. Ya era tarde y ella me dijo que ahora si debía irse, entendí y todo el cariño que uno puede dar. Me quede pensando, sentado, apenas parpadeando. Me senté en la cama donde ella había dejado su perfume y cuando despeje la cama para finalmente dormir, vi que el dinero estaba allí, abajo de la almohada. Más alegría sentí. Magaluna no mentía, si que era maravillosa. Yo en Magaluna veía algo más que una mujer que solo daba, veía una maravillosa mujer con un ardiente corazón, lástima que lo usara para fines tan vulgares. Sus manos eran mas que unas manos, en sus ojos veía mas de lo que los mismos demostraban, su cuerpo era un sueño hecho realidad, y un corazón fuerte, pero a la misma vez sensible, y por sus caricias rascaba la alfombra. Sería un don de ella, o quizá nunca me hubiera fijado así en otra mujer, pero no me hacia falta, la existencia de esa mujer era todo lo que yo pedía, esa mujer en mis brazos. Vi en los ojos de ella la alegría de sentirse amada cuando le dije que ella era mi único pensamiento, ella bien sabía que la forma de ser que yo daba a entender no era la verdadera. Ella me entendía. Y yo la entendía a ella, estaba seguro de que esa mujer podía amar, solo que el tiempo la fue oprimiendo, éramos dos locos buscando quien nos complementara, olvidándonos del ruido y del que dirán.Magaluna no estaba ni cerca de la perfección, pero era lo mejor para mi. Nada es eterno pero Magaluna lo era para mí, no creía nunca poder cansarme de amarla. Tan fácil y tan complicado, pero solo bastaba con admitir que eso era amor, adorar la compañía de alguien. Nunca pensé que iba a llegar a esto, a dejar de ser tan duro y buscar, amar, a esa mujer que todos necesitan, aún los que creen no necesitarla. Todo en mi vida fue así, por suerte… dándome cuenta que la vida es como es, no hay que mentirse, ni mentirle a los demás. Llegue hasta donde llegué con esta mujer por esa misma razón, cumplí mi soñada meta, pero nunca pensando hasta donde podría llegar, pensando en la eternidad. Olvidándome que la eternidad no existe, y siempre cayendo en el mismo pensamiento: mi vida es como una mala canción. Pero ese no era obstáculo suficiente para que yo dejara de amarla, o quien sabe con que el futuro nos sorprendería. De nada servía mentirse a uno mismo, y era bueno saber que yo a Magaluna no le mentía, y viceversa.Magaluna seguía viniendo a casa, y ese sentimiento estaba volviendo. Ese sentimiento de que algo faltaba, o quizá algo sobraba. Y yo comenzaba a mentirme a mi mismo… sería algo del momento, mucho trabajo seguramente, pero mi corazón ya no sentía lo mismo al ver a Magaluna, y yo la veía tan introducida en aquello. En ese momento conocí el dolor, lo que el tiempo había logrado, conseguir que ella me entregara su corazón de una forma tan fiel, sin condición. Eso se había transformado en una ilusión. Ese sentimiento tan verdadero y puro instalado en su alma con tanta enjundia. Me daba temor decírselo, una contradicción tan brusca, pero contradecirse forma parte de la libertad, cosa que era de las pocas que me iban quedando. Era como volver a cero, ya era algo virtual sentido solo por ella, y eso no sabía como se llamaba pero sabía que amor no era.El tren pasó, y yo me lo tomé, estoy seguro de que ese tren solo pasa una vez en la vida. Pero me tomé el tren equivocado, o tal vez simplemente me confundí de parada. Me tomé el tren de ida y solo quería el de vuelta.Magaluna vino como siempre a las once de la noche, no charlamos como solíamos hacerlo, solo tuvimos un momento nostálgico, esos en los que yo la hacia mi mujer, y ella me dijo "algo te pasa, no estás como siempre", mentirle ni pensarlo. Le explique todo y ella se levanto, miró por la ventana, se dio vuelta y me miró, con los ojos llorosos. La veía enojada, pensé que estaba enojada por que nunca la había visto así, ella me dijo "¿por qué sos tan egoísta , ya te olvidaste de las promesas?" le dije que al comunicarle todo lo que le estaba diciendo no estaba siendo egoísta, tal vez si. Pero que sentía que no era demasiado bueno para ella. Me dijo que después de todo no le sorprendía tanto por que el estar tan protegida, adorada por alguien era demasiado bueno para ella. Necesitaba que ella supiera que el problema no estaba en ella, pero que era momento de no seguir estropeando nuestras almas y retirarse con la verdad. Fue en ese preciso momento que comprendí que el desesperarse por encontrar eso que algún día va a llegar no serviría nunca, es fácil confundirse. Tampoco sirve ir dejando pasar los trenes porque realmente lo que importa es no olvidar todas las buenas historias, como esta. Me di cuenta que el ser humano está tan dominado por lo que es, conocí mis limites, fue difícil aceptarlo. También me di cuenta que con lo que se posee no se logra nada, hay que crear, más que cualquier otra cosa. Fue una animalada el no haber podido amar a Magaluna eternamente, realmente se lo merecía, pero las cosas como son quedan. Todo es y no es, y de esa forma puede terminar no siendo. Tal vez soy un corredor más en esta carrera que no pudo dar ese paso adelante, pero que voy a hacer yo si no tuve esa cualidad. Pero ya no importa, no les voy a venir con otro de mis nuevos nudos.
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