domingo, 10 de junio de 2012

Yuguryau

Como se puede odiar y conocer tanto al lugar donde uno habita...haber sentido hasta el ultimo y mas impetuoso rayo de sol hasta la calle mas oscura y gelida del frio...las raices que brotan, que engañan las mismas, siendo a escondidas de su rey un pobre arbol de poco color, poca copa. Un arbol triste y eternamente otoñal. ¿Que importa? Los reyes; las raices, se demuestran ante sus inexistente pero mejor acostumbrado publico y el pobre árbol ante ese pesado, numeroso y pobre público.
Donde lo que se dice queda en un limbo de juicio y valores, donde todo queda suspendido en el aire, sin nadie que lo sostenga y todos dandole de comer...una bestia consentida y realmente querida por nadie, que funciona a base de emociones ajenas.
Y lo diferente queda en un margen de su misma calaña, tomando como nucleo su insignificante pedazo de periferia, no obstante sabiendo que no se debe traducir a el idioma de uno, porque uno es esa periferia..
Pero la vista es el centro y "el limite es el cielo".

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