martes, 7 de octubre de 2014

¨catalejo

Me siento arrrojada, sentenciada de correr en el parpadeo de ese bien parecer tuyo. Entre el mozo calvo Klein que entregaba autógrafos con la mente y mi desentendedera todo concluia en la calamidad. Yo buscando mi cuerpo abajo de la mesa, y aquel en su cama buscando mis pies. Seguiamos por los palmares y sentia la desconcordancia, sentía las ganas de expresarme mal, de hablarasitodopegadito y de que te rieras un poco. Después, el frenético de la librería que cada vez que yo hojeaba o tocaba un libro venia corriendo a acomodarlo como estaba antes y hablaba solo, de lo importante que es que los libros esten todos alineados, que claro, si, hombre, claro que sí (y al fin y al cabo, si). Buscándote en cada página, buscandonos en algún momento, en algún acto, en algún suspiro, algun paso (¿cual de todos los pasos me queda mejor?). Pensando, vos estando lejos o al menos no acá, cuál será la última palabra que pronunció tu boca. Boca que en realidad, nisiquiera considero tan valiosa. Boca de tantos, en boca de no tantos. Por que no te daría ni una cocarda, sin embargo te daría tantos días, hasta cambiaría lo que siento, lo que arrojo. Porque a decir verdad, yo empecé escribiendo esto para decir que estaba arrojada al mundo. Si, arrojada. Soy producto de una sobrecarga de electrones que se pusieron en un movimiento eólico que empezó a conmocionar, comenzó a temblar de manera un poco preocupante y, a la postre, yo. Arrojada en este mundo, arrojada, no caí parada. Caí de rodillas, llevé la cerveza y me olvidé de destaparla en la mesa. Caí de rodillas y me sacudi el polvo. Me dirigí hacia la orilla contemplando la isla esa que siempre traigo porquemencantalaislaesalaamoperonuncamenanimoairperdonameAnalia. Gerla me cayó bien el día que me preguntó si había podido encontrar la entrada para poder ir al baño, en el medio de la película, en el cine, con las arpías sajolatinas que despiadadas me hacian acordar a todo lo que entorno a mi existía. Después me acordé del té de Carlos, ese que a veces me hacia ebuchicionare, y después de tanto rigor estomacal podía fagocitar con una buena sonrisa. Extraño esos té...pero que estupidez, si te extraño a vos.
(Anuque no venia a hablar de vos, venía a hablar de que estaba arrojada, y ahora me tengo que ir a acordatedepasarleeltrapitoperolacervezatambiendestaparla y del quebuenoqueahorayanopiensoenellectorinexistenteporqueestoyyanomecaiaengracia)

1 comentario:

V.Kachanovska dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.